Marta se sentó en la cama, esperando que Marcos entrara, aunque en el fondo tampoco quería estar a solas con él. La presencia de aquel hombre le provocaba sensaciones extrañas. Pero él, era más que prohibido para ella, era algo imposible.
Su amistad con Laura era inquebrantable y debía seguir siéndolo. No podía dejarse arrastrar por lo que empezaba a sentir por el esposo de su amiga.
—¡No! Esto no puede ser, joder. Tengo que alejarme de él. —murmuró.
Los golpes en la puerta la sobresaltaron.