Miradas que hablan
Los golpes en la puerta obligaron a Marta a abrir los ojos. Se había quedado dormida por más de cuatro horas. Se incorporó lentamente en la cama.
—Entra —ordenó a su empleada.
La mujer abrió la puerta con cuidado.
—¿Desea bajar a cenar o prefiere que le traiga la comida a su habitación?
—Yo bajo —dijo sentándose en la orilla de la cama. Pero cuando intentó ponerse de pie, el malestar volvió.
Marta tuvo que sentarse de nuevo.
—Mejor tráemela aquí.
—¿Le sucede algo? ¿Se s