La sala de juntas tenía una luz distinta esa mañana: menos fría, más vibrante, como si el edificio mismo reconociera que algo nuevo se abría paso. Sofía caminó hasta la cabecera con la carpeta bajo el brazo y se detuvo un segundo para observar a los presentes. Los directivos, los socios mayores y algunos inversores internacionales la miraban con expectación, no solo por la propuesta, sino porque ella ya no era la figura que se sostenía por apellidos; era la que tomaba decisiones y obligaba a ot