Capítulo 30
El salón estaba vestido de negro y dorado, elegante hasta el delirio. Candelabros antiguos colgaban del techo como joyas suspendidas, mientras el eco de las copas y el murmullo del arte flotaban con clase por cada rincón. Sofía, con un vestido ceñido color vino que dejaba su espalda casi al descubierto, se movía entre la multitud como una reina sin trono… pero con poder. Lo sabía y lo odiaba porque también sabía que Thiago la miraba.
Desde el momento en que este entró al salón ella