Daniel sintió su teléfono sonar con insistencia, quiso ignorar la llamada, pero tuvo que disculparse con Clara y Sabrina para poder atender. Se apartó un poco de las mesas para que las chicas conversarán tranquilas y él aprovecho de contestar la llamada, sonriendo al ver que era el número de su cuñado.
—¡Hey, Edu! ¿Pasó algo, hermano? —La voz alegre de Daniel resonó con fuerza. —Disculpa la tardanza, pero estamos en el aeropuerto, yo creo que en unas dos horas estaremos por aya.
—No tengo ganas