Los primeros rayos de sol se filtraban por las persianas del apartamento, dibujando líneas doradas sobre el amplio pecho de Erick, que subía y bajaba con una calma que Catalina ya empezaba a extrañar. El miedo que sintió de solo pensar que podía perderlo le hizo comprender la intensidad de sus sentimientos. Erick Montenegro, para ella lo era todo, ese hombre en unos meses se había transformado en el eje de su universo.
Observó sus negras y tupidas pestañas temblar levemente, los labios entreabi