El salón del Hotel Diamante resplandecía bajo las arañas de cristal, pero su brillo y majestuosidad no lograban ocultar el vacío del salón. Habían hecho una reservación para más de cien personas y apenas habían unas diez dentro. Catalina se ajustó el vestido negro de seda, sintiendo el peso del collar de perlas que Erick le había regalado horas antes. A su lado, él lucía impecable en su traje azul marino, aunque el puño cerrado contra su costado delataba su evidente nerviosismo.
—¿Crees que v