La risa de Lorena Ortíz se había convertido en un chillido estridente, logrando capturar la atención de los pocos invitados. Sus ojos, antes llenos de arrogancia, ahora brillaban con una mezcla de pánico y rabia al ver que David Sandoval no solo ignoraba sus palabras, sino que ofrecía su respaldo a Catalina. ¿Como un hombre tan poderoso como ese podía posar sus ojos sobre esa mujerzuela?
—¡Es una mentirosa!— gritó, señalando a Catalina con un dedo tembloroso. El rojo escarlata de su vestido par