Habían transcurrido quince días desde que Erick Montenegro no ponía un pie en la mansión familiar. Quince días desde que eligió dormir en el modesto departamento de Catalina, rodeado de muebles de segunda mano y el ronroneo constante de Pochito cada vez que se acostaba sobre su pecho, haciéndolo sentir a gusto. Esa mañana, como siempre, dejó a Catalina frente al edificio Bethencourt & Asociados con un beso que sabía a café y a ternura.
Ella sonrió, con esa sonrisa tan bonita que tenía, esa sonr