El pasillo del gimnasio vibraba con el eco metálico de las pesas al chocar, con aquellas personas que se ejercitaban en el salón ajenas a todo lo que estaba pasando. Catalina caminaba hacia la salida, cada paso resonando con furia. Necesitaba alejarse, pensar, calmarse, de lo contrario podría terminar explotando y decir algo de lo que luego se arrepentiría.
Erick no estaba dispuesto a dejarla ir. Antes de que pudiera pensar, sus piernas reaccionaron por si solas. La alcanzó junto a las máquinas