El avión aterrizó con un chirrido de neumáticos contra el asfalto húmedo a causa de la lluvia. Erick Montenegro apretó el teléfono contra su pecho, tratando de calmar los erráticos latidos de su corazón. El mensaje que su guardaespaldas le había enviado se reproducía una y otra vez en su cabeza. “Helena entró a cirugía de emergencia. Catalina necesita que estés aquí, ella se está desmoronando.”
—Cancelen todas las reuniones de los próximos días, estaré demasiado ocupado—, ordenó a su asistente