Rafael Voss regresó cuatro noches seguidas.
Siempre a la misma hora: las once y diez de la noche. Siempre con la misma expresión de rabia contenida y ojos atormentados. No hablaba mucho. La mayoría de las veces se quedaba parado fuera del invernadero, mirando hacia dentro como si esperara que el lugar lo devorara. Sophia Isabella salía a recibirlo cada vez, descalza, con su camisón blanco y la bata negra encima, como un pequeño fantasma con demasiado poder en su mirada.
La cuarta noche, Rafael