Isabella Blackwood cumplió veintitrés años en medio de una tormenta.
Esa noche, mientras la lluvia golpeaba con fuerza los cristales del invernadero, ella estaba sola en el centro del lugar sagrado, descalza sobre los pétalos caídos. Llevaba el vestido negro que Sophia le había regalado para su cumpleaños: una réplica exacta del que Isabella Morgan usó la noche de la fatídica fiesta.
Frente a ella, sobre un pequeño pedestal de madera antigua, descansaba el manuscrito original y la rosa dorada q