Alexander tomó las llaves del vehículo y se dirigió hacia la entrada.
—Hazel, ya nos vamos—le dijo a su hermana.
La chica no se movió de su lugar, sostenía con fuerza su bolso, renuente a abandonar el departamento.
—Por favor, no me hagas sacarte a la fuerza—suspiró el hombre, cansado.
—¡Ya te dije que vine para quedarme!
Debido a que aquella discusión no iba a ninguna parte, no le quedó más remedio que tomar medidas más drásticas. Cuando la jovencita miró que su hermano se acercaba, corrió muy