—No, Hazel—Alexander sostuvo la mano de la chica, impidiendo que lo tocara en esa área.
—¿Por qué?
—No es necesario.
El hombre la hizo a un lado levantándose de la cama. La jovencita lo miraba fijamente esperando una explicación.
—¿Entonces? ¿No me dirás?
—Te lo dije antes. Ahora no es el momento.
—Pero ¿por qué no? ¡Yo quiero!
—No seguiré discutiendo contigo, por esto—el hombre se agachó y recogió finalmente las sabanas.
—Está bien, pero no te vayas por favor.
Alexander le dedico una i