Hazel estaba recibiendo todos los cuidados necesarios para su embarazo. Gestar a dos bebés era algo delicado, por lo que su esposo se mantenía en guardia cada día, atento a cualquier eventualidad. Afortunadamente, en cada consulta al ginecobstetra le daban excelentes noticias, por lo que no había nada por lo cual preocuparse.
—Son dos pequeños, muy sanos y revoltosos—señalo la doctora al ver como no dejaban de moverse en el útero de su madre.
—¿Ya puede verse el sexo, doctora?—pregunto Hazel co