—Estoy nerviosa, mamá–confeso Hazel a su madre, mientras se contemplaba en el espejo de su dormitorio. Estaba casi lista para el matrimonio y aquello la tenía feliz y ansiosa en partes iguales.
–Todo saldrá bien, cariño. Tranquila.
—Lo sé, pero eso no evita que sienta un hormigueo en el estómago.
—Es normal, hija, son los nervios propios de un momento tan importante. Después de todo, casarse no es cualquier cosa, es unir por siempre tu vida a la persona que amabas.
Amelia dio un beso a su