El segundo disparo llegó antes de que el eco del primero terminara de rebotar en las paredes de la garganta. No fue un impacto aislado, sino una ráfaga corta que barrió la piedra a la altura del pecho de Marcus. La violencia del sonido fue tan física que Lucía soltó un jadeo ahogado, hundiéndose más en los pliegues de mi abrigo mientras Julian nos empujaba con el brazo izquierdo hacia la hendidura que quedaba detrás de la cascada helada.
Marcus no intentó sacar su arma. Sabía que contra tres ri