Mi réplica era perfecta en forma, pero carecía de la irregularidad que da la vida. Sus ataques eran predecibles dentro de su perfección; seguía trayectorias óptimas que yo, en mi desesperación, rompía con movimientos erráticos y dolorosos. En un último intercambio, sujeté sus muñecas. El contacto entre nuestras marcas generó una retroalimentación violenta. No intenté empujarla; en lugar de eso, abrí los poros de mi consciencia y succioné.
La energía de la Versión 1.2 fluyó hacia mí como un torr