La noche en la mansión Thorne se sentía como un sudario de seda. El segundero del reloj de pie en el pasillo marcaba el ritmo de mi propia ejecución: tic, tac, tic, tac. Marcus dormía a mi lado, su respiración profunda y rítmica era la única música en la habitación. Lo observé un momento, iluminado por la pálida luz de la luna; se veía casi vulnerable, despojado de su armadura de magnate implacable. Sentí una punzada de dolor en el pecho. Iba a traicionarlo. Iba a abrir la caja fuerte que guard