La tarde avanzó con una lentitud engañosa, de esas que aparentan calma mientras por debajo se mueven corrientes invisibles.
Bianca salió del edificio de la empresa López cuando el cielo comenzaba a teñirse de tonos anaranjados. Las luces de la ciudad se encendían poco a poco, una a una, como si alguien las fuera activando con cuidado. Sin embargo, dentro de ella no había la misma serenidad que ofrecía el paisaje.
Había pasado el resto del día revisando cifras, leyendo informes, respondiendo correos y dando instrucciones claras, firmes, casi mecánicas. Pero su mente regresaba una y otra vez a la conversación con Luciano. A sus palabras. A la manera en que él le explicó la estrategia, con paciencia, con esa seguridad que siempre la hacía sentir protegida, pero también consciente de que estaban entrando en un terreno delicado.
Bianca tomó su bolso, se despidió con un gesto amable del personal que aún quedaba y caminó hacia el ascensor. Cuando las puertas se cerraron, dejó escapar un susp