La tarde avanzó con una lentitud engañosa, de esas que aparentan calma mientras por debajo se mueven corrientes invisibles.
Bianca salió del edificio de la empresa López cuando el cielo comenzaba a teñirse de tonos anaranjados. Las luces de la ciudad se encendían poco a poco, una a una, como si alguien las fuera activando con cuidado. Sin embargo, dentro de ella no había la misma serenidad que ofrecía el paisaje.
Había pasado el resto del día revisando cifras, leyendo informes, respondiendo cor