La noche había pasado, pero el peso de lo ocurrido seguía flotando en el ambiente como una neblina invisible.
Bianca no había dormido bien. No porque Mateo hubiera despertado nuevamente, sino porque la imagen de su rostro serio, de sus palabras dichas con inocencia y temor mezclados, regresaban una y otra vez a su mente.
“Se me hace conocida…”
Esa frase se había quedado clavada en su pecho.
Luciano tampoco había conciliado un sueño profundo. Permaneció despierto largos ratos, mirando el techo,