La mañana avanzaba con una cadencia engañosamente tranquila dentro de la empresa López. Desde el ventanal del piso alto, la ciudad se extendía como un tablero ordenado: autos avanzando en filas, personas entrando y saliendo de edificios, una rutina que parecía funcionar con la precisión de un reloj. Bianca, sentada tras su escritorio, observaba ese paisaje mientras sostenía una taza de café que ya se había enfriado sin que ella lo notara.
Había regresado a su ritmo habitual con una facilidad qu