El edificio López se alzaba como siempre, imponente, elegante, lleno de ese aire de poder que había acompañado a la familia durante generaciones. Pero ese día, para Bianca, todo se sentía distinto. Más frío. Más pesado. Como si los pasillos hubieran absorbido demasiados secretos a lo largo de los años y ahora se los devolvieran en forma de sospecha.
Bianca permanecía sentada detrás de su escritorio, con la carpeta de finanzas abierta frente a ella. No la tocaba. No hacía falta. Ya había leído e