La mañana amaneció con una calma extraña, de esas que no anuncian tormenta pero tampoco prometen paz duradera.
La luz del sol se filtraba suavemente por las cortinas de la habitación principal de la mansión López, dibujando líneas doradas sobre las paredes claras. Bianca aún estaba despierta, apoyada sobre un codo, observando a Luciano dormir. Su respiración era profunda, más serena de lo que había sido en muchas noches anteriores. Contarle lo que sospechaba, abrir ese capítulo doloroso del pas