Luciano salió de la mansión López cuando el cielo apenas comenzaba a aclarar. No dejó nota. No despertó a Bianca. Solo tomó las llaves, el abrigo y se marchó con un nudo apretándole el pecho, como si algo invisible lo estuviera empujando hacia atrás, obligándolo a mirar donde llevaba años negándose a hacerlo.
No fue a la empresa.
Condujo en silencio, por calles que conocía demasiado bien, dejando que la ciudad despertara a su alrededor mientras él se hundía, cada kilómetro más, en recuerdos que