Capítulo 7: Entre heridas y deseos.
El silencio de la casa parecía amplificarse después del accidente. Solo se oía el respirar acelerado de Luciano y el temblor del corazón de Bianca que golpeaba como un tambor dentro de su pecho.
Mateo, con los ojos muy abiertos, miraba la sangre correr por la espalda de su padre.
Bianca reaccionó rápido:
–Mateo, amor, escucha. ¿Sabes dónde está el botiquín?
El niño asintió con fuerza.
–¡Sí, mamá! ¡Sí sé!
–Ve, corre, tráelo. Rápido pero con cuidado.
Mateo salió disparado por el pasillo.
Bianca se arrodilló al lado de Luciano, que aún estaba respirando con esfuerzo.
–Vamos –susurró ella–. Siéntate. Te va a doler, pero necesito ver la herida.
Luciano apretó los dientes, pero no se quejó.
Bianca rodeó su brazo y lo ayudó a incorporarse lentamente.
Cuando lo hizo, la camiseta pegada a su espalda se estiró, haciendo que él soltara un gemido bajo.
Bianca sintió un escalofrío.
–Lo siento… –murmuró.
Él negó con la cabeza.
–No pasa nada… mientras estés bien tú.
Esas palabras la desarmaron.
Con