El amanecer llegó silencioso, como si la ciudad quisiera caminar de puntillas para no despertar a nadie. Bianca abrió los ojos antes de que sonara la alarma, sintiendo un peso inexplicable en el pecho. No era dolor físico, pero sí una molestia profunda, como una corazonada que se ancló ahí durante la noche y no había manera de desalojarla.
Miró el techo, luego giró la cabeza hacia la ventana. Algo estaba mal… pero no sabía qué. Luciano dormía profundamente a su lado, respirando con calma, sin s