Luciano no pudo dormir en toda la noche.
Apenas Bianca se giró y cerró los ojos fingiendo calma, él permaneció despierto, sentado en la cama, con el corazón latiendo tan fuerte que sentía que se le iba a salir del pecho. El silencio de la habitación se hacía más pesado con cada minuto. La oscuridad lo envolvía, pero su mente estaba más despierta que nunca.
Era como si una tormenta hubiera explotado dentro de él.
La pregunta de Bianca seguía repitiéndose una y otra vez en su cabeza.
¿Tú me tienes algún secreto?
Luciano se llevó ambas manos al rostro, deslizando los dedos por la frente. Una punzada de culpa le atravesó el estómago. Por un segundo, había sentido el impulso de decirle la verdad… de confesarle todo. Pero ella lo detuvo. Justo cuando él iba a hablar, ella cortó la conversación y se dio la vuelta, nerviosa, temblorosa… lastimada.
¿Por qué lo detuvo?
¿Por qué no quiso escucharlo?
¿Tenía miedo de la verdad?
¿O no estaba lista para oírla?
Luciano miró su silueta recostada. Bian