La luz de la mañana entraba por las ventanas del comedor con un tono cálido y dorado, iluminando el aroma del jugo de naranja recién exprimido que Bianca preparaba en la cocina. Era una escena cotidiana, sencilla, pero llena de un brillo que hacía mucho no se veía en esa casa. Sus manos se movían con suavidad, concentradas, pero su sonrisa leve la delataba: estaba tranquila. Estaba… feliz.
Los primeros pasos pequeños y apresurados anunciaron la llegada del pequeño caos lleno de energía que era