La habitación estaba en silencio. Aún se podía sentir cómo el aire entre ellos tenía un aroma a tensión quebrada, como si algo se hubiera resuelto, pero todavía quedaba polvo de los escombros suspendido en el ambiente. Bianca respiraba agitada. No era por miedo, ni por enojo: era por la intensidad del momento. Sus ojos, llenos de lágrimas que llevaba horas reprimiendo, miraban a Luciano como si apenas lo viera después de días perdidos en una sombra.
Y entonces no resistió más.
Bianca lo miro a