Luciano no pudo dormir. Dio vueltas una y otra vez sobre la cama mientras Bianca permanecía rígida a su lado, completamente de espaldas, como si aquel espacio entre ambos fuera un océano imposible de cruzar. Él tenía los ojos abiertos, fijos en el techo, con el corazón golpeándole el pecho como si quisiera escaparse.
Tenía la mente en llamas.
La camisa.
El labial.
La prenda interior.
Nada tenía sentido. Él sabía lo que había hecho y lo que no durante ese viaje. Sabía que no había tocado a nadie