La tarde caía sobre la mansión cuando Luciano y Bianca cruzaron la puerta. El viaje de regreso desde el aeropuerto había sido en silencio, un silencio cargado de emociones encontradas: alivio por la captura de Francisca y Patricia, pero también la tensión de lo que aún quedaba por hacer.
Quedaba Gabriela.
La encontraron en el jardín trasero, sentada en una de las tumbonas junto a la piscina, con un libro en las manos y una expresión de falsa tranquilidad. El sol de la tarde acariciaba su piel y