Capítulo 143: Noches solitarias.
Arriba, en la habitación tapizada de estrellas, Luciano cumplió con el ritual. Ayudó a Mateo con el pijama, escuchó con media sonrisa su explicación entusiasta sobre la curvatura del espacio-tiempo, y lo arropó.
—¿Mamá Bianca está enojada porque pedí pizza? —preguntó Mateo de repente, su voz seria en la penumbra.
Luciano se detuvo. —No, para nada. ¿Por qué?
—Porque se fue. Y no volvió. Y es viernes.
La lógica era aplastante. Para Mateo, el viernes era sagrado. La ruptura del ritual solo podía d