La casa estaba demasiado silenciosa.
No era el silencio normal de una tarde tranquila, sino uno espeso, inquietante, como si algo estuviera fuera de lugar.
Bianca bajó las escaleras llamando a Mateo, esperando escuchar su respuesta desde algún rincón, alguna risa, algún ruido de pasos.
—Mateo… amor, ¿dónde estás?
No hubo respuesta.
El corazón de Bianca dio un pequeño salto incómodo. Caminó hacia la sala, luego al comedor, revisó detrás del sofá, cerca del jardín interior, incluso en el estudio