Bianca respiró hondo antes de cruzar el pasillo del hospital. A cada paso sentía cómo el peso de la decisión se asentaba sobre sus hombros. No era miedo exactamente, tampoco duda. Era esa mezcla incómoda entre hacer lo correcto y saber, muy en el fondo, que lo correcto no siempre era lo más seguro.
Se detuvo frente a la puerta de la habitación donde Gabriela descansaba. A través del vidrio la vio: pálida, demasiado delgada, con los ojos cerrados y el pecho subiendo y bajando lentamente. La enfe