Los días comenzaron a deslizarse unos sobre otros con una normalidad que, para Luciano, resultaba demasiado pulida. Una calma que no terminaba de convencerlo.
Las reuniones entre Bianca, Gabriela, Mateo y él se volvieron frecuentes, casi parte de una rutina cuidadosamente diseñada. Almuerzos tranquilos, paseos cortos, tardes en parques donde el sol caía suave y el viento parecía jugar a favor de una reconciliación que, al menos en apariencia, avanzaba.
Mateo empezó a interactuar más con Gabriel