Capítulo 108: La verdad en la sangre.
El amanecer llegó lento, cargado de una quietud incómoda.
Bianca había pasado la noche en vela, sentada en una butaca junto a la cama de Mateo, observándolo respirar. Cada vez que el niño se movía entre sueños, ella se incorporaba de inmediato, con el corazón acelerado, esperando no escuchar ese pequeño quejido que ya se había vuelto demasiado familiar.
Mateo no estaba bien.
No del todo.
Había momentos en los que parecía mejorar: se levantaba, sonreía un poco, incluso hacía algún comentario gra