Mientras tanto, Mora y Piero se habían quedado en la pileta, estaban cerquita de la pared, nadie los veía, por lo que Piero, la acorraló contra la pared besándola y tocándola como quería.
Pronto el fuego de un huracán se adueñó de ellos.
Sin pensarlo dos veces, le corrió la malla a Mora y él se bajó un poco los shores y se enterró en ella, la había tomado de las caderas y Mora tenía las piernas alrededor de su cintura.
Era algo distinto hacerlo en la piscina, al aire libre y casi apurados, por