-¿Qué pasó?
Preguntó sin dar vueltas, la hermana menor.
Mora ya no aguantó más y sus lágrimas comenzaron a aflorar.
-¿Qué te hizo?
-Nada…
A esa altura lo que corría por sus mejillas eran cascadas.
Sofía, casi sin mirar el resto del tráfico, acordonó el auto, no sin antes recibir unos cuántos bocinazos por su maniobra rápida e imprudente.
-Mora, decime.
La increpó con voz firme.
La docente suspiró profundamente.
-Hicimos el amor en el vestuario.
-¡Lo sabía!
-Me dijo que me amaba, me lo dijo las