—¿Dónde vas con toda esa comida? —interrogó Sven al ver a su hermano subir las escaleras vestido únicamente con un pantalón de chándal y cargando una bandeja llena de diferentes platillos.
—A mi habitación —respondió Gunnar con obviedad.
Sven abrió la boca, sorprendido. No tanto por la exagerada cantidad de comida, sino por la hora y el hecho de que su hermano mayor estuviera encerrado en su aposento. Sin embargo, un olor familiar llegó a su nariz, y sus ojos se abrieron como platos.
—Estás con