Cuando llegaron, Gunnar abrió la puerta principal y se apartó para dejar pasar a Kazuma. La luz tenue del recibidor les dio la bienvenida, y el eco de sus pasos resonó en el amplio espacio. Kazuma se detuvo un momento, recorriendo con la mirada la elegante decoración de la casa, pero pronto sus ojos volvieron a posarse en Gunnar, quien cerró la puerta detrás de ellos y avanzó hacia ella con una mezcla de determinación y vacilación.
—¿Segura que quieres esto? —preguntó él, su voz baja y algo ron