La noche era perfecta. La brisa marina y el suave rumor de las olas creaban un ambiente íntimo mientras Kazuma y Gunnar caminaban por la playa. La conversación había menguado, pero el silencio entre ellos no era incómodo; al contrario, estaba cargado de algo indescriptible, algo que parecía crecer con cada paso.
Kazuma, con una chispa traviesa en los ojos, se detuvo de repente y miró el mar. La luna reflejaba su luz sobre las aguas tranquilas, invitándolos a adentrarse.
—¿Qué tal un baño? —preg