Tres días después del entierro de Mateo, la biblioteca volvió a abrir sus puertas.
No fue una reapertura triste. Johanna insistió en que fuera un día de celebración. Colocaron flores blancas por todas partes y una fotografía de Mateo junto a la de Valeria, ambas sonriendo.
Johanna, ahora de 78 años, estaba sentada en el sillón que había sido de su esposo. Vestía de blanco y llevaba el relicario que Mateo le había dejado antes de morir.
La joven Valeria se acercó con una taza de té y se sentó a