Ochenta y cinco años después de que Lucía rompiera el ciclo, la biblioteca Valeria Solís se había convertido en un faro internacional. Investigadores, terapeutas y familias enteras llegaban de diferentes países para conocer “El Jardín de las Siete Generaciones”. El lugar ya no solo sanaba al pueblo; sanaba almas de todo el mundo.
Johanna Rivera, ahora con cuarenta y ocho años, seguía siendo la guardiana principal, pero había comenzado a ceder más espacio a su hija Valeria, quien a los veinticin