Mateo condujo de regreso al pueblo en completo silencio. La carretera de montaña estaba oscura y sinuosa. Johanna iba a su lado, con la pequeña Valeria dormida en el asiento trasero. El bebé en su vientre se movía de vez en cuando, recordándole que el tiempo se estaba agotando.
Cada vez que miraba por el espejo retrovisor, sentía que algo los seguía. No era una figura concreta. Era una sensación. Una presión en el pecho. Un susurro que no llegaba a ser voz.
Cuando llegaron a la biblioteca, Doña