Tres semanas después, la biblioteca estaba irreconocible.
Las luces cálidas colgaban del techo, las mesas habían sido movidas para crear un pequeño escenario y en la entrada había un cartel grande que decía:
Noche de Letras – En memoria de Valeria Solís
Mateo estaba nervioso. Vestía una camisa negra que Sara le había obligado a comprar y no dejaba de acomodarse el cuello. Sara lo observaba desde el mostrador con una sonrisa pícara.
—Deja de moverte tanto, pareces un niño en su primera cita —le