La biblioteca estaba en completo silencio cuando Lucía abrió los ojos por completo. Ya no eran sus ojos. Eran los de Victoria.
El cuerpo que antes le pertenecía se movió con una gracia que nunca había tenido. Victoria estiró los brazos, flexionó los dedos y sonrió al verse en el espejo roto del Rincón de los Tres.
—Por fin… —susurró con la voz de Lucía, pero con un tono antiguo y victorioso—. Cien años esperando este momento.
Lucía, atrapada en lo más profundo de su propia mente, gritaba sin qu