Lucía abrió los ojos lentamente. La luz del amanecer entraba por las altas ventanas de la biblioteca, bañando el Rincón de los Tres con un tono dorado suave. Por primera vez en muchos días, no sintió dolor. No sintió esa presencia oscura presionando contra su mente. Solo silencio. Un silencio limpio y profundo.
Se incorporó con cuidado. Su cuerpo le dolía como si hubiera corrido una maratón, pero respondía a sus órdenes. Miró sus brazos. La marca negra había desaparecido por completo. Solo qued