La última rosa

Veinte años habían pasado desde la muerte de Johanna.

La biblioteca Valeria Solís ya no era solo una biblioteca. Se había convertido en un monumento vivo, un lugar de peregrinaje cultural que atraía visitantes de todo el país. En la entrada principal, una placa de bronce rezaba:

Biblioteca Valeria Solís

Donde los nombres prohibidos se convirtieron en leyenda.

La joven Valeria ya no era joven. A sus 46 años, Valeria Rivera era la directora oficial del lugar. Había dedicado su vida entera a mante
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